A solo 22 kilómetros de Curacautín, entre bosques, montañas y paisajes volcánicos, se encuentra uno de los lugares más emblemáticos de La Araucanía: el Salto de la Princesa.
Esta impresionante cascada de aproximadamente 25 metros de altura no solo sorprende por su belleza natural. También está rodeada por una antigua leyenda que ha pasado de generación en generación y que explica el origen de este rincón lleno de magia.
La historia se sitúa entre los siglos XVI y XVIII, cuando comunidades mapuches, pehuenches y puelches realizaban intercambios en la cordillera. Según cuenta la tradición, el lonco Huillical quedó maravillado al descubrir que otros pueblos ya habían logrado domesticar caballos. Desde entonces, desarrolló una gran obsesión por conseguir uno para sí.
Tiempo después supo de la existencia de Malalcahuello, un extraordinario caballo blanco perteneciente a los pehuenches, famoso por su belleza y fortaleza. Decidido a obtenerlo, reunió a su comunidad e hizo una promesa que cambiaría el destino de todos.
Como recompensa para quien lograra traer el caballo, ofreció la mano de su hija Rayén.
Sin embargo, la joven ya estaba enamorada de Nahuelcura, un hombre ajeno a la tribu. Su amor era sincero, pero no contaba con la aprobación de Huillical.
Mientras los guerreros planeaban cómo capturar al legendario caballo blanco, Rayén y Nahuelcura soñaban con un futuro juntos. Pero al amanecer del tercer día, Malalcahuello apareció frente a la ruca del lonco. Quilacura, miembro de la comunidad y pretendiente de la princesa, había conseguido traer el animal.
La promesa debía cumplirse.
Al enterarse, Rayén decidió escapar junto a Nahuelcura. Ambos huyeron por los bosques y quebradas de la cordillera buscando un lugar donde poder vivir su amor lejos de las imposiciones de la tribu.
Tras varios días de búsqueda, fueron encontrados por los guerreros enviados por Huillical. Acorralados al borde de un acantilado y sin posibilidad de escapar, los jóvenes comprendieron que solo tenían una decisión.
Tomados de la mano, se miraron por última vez y saltaron al vacío.
La leyenda cuenta que la naturaleza transformó aquel acto de amor eterno en un hermoso paisaje. Las aguas del río recibieron a los enamorados y dieron origen a una cascada con forma de cola de caballo, recordando para siempre la obsesión que desencadenó la tragedia.
Así nació el Salto de la Princesa, uno de los destinos más visitados de la zona de Curacautín y un lugar donde la fuerza de la naturaleza se mezcla con una de las leyendas más conocidas de La Araucanía.
Hoy, quienes visitan este rincón pueden contemplar la caída de agua, recorrer sus senderos y recordar una historia que, según la tradición, sigue viva entre los bosques y montañas de la cordillera.

